Isadora Duncan
Llena de glamour y estilo subió a su coche, pero se le olvido sujetar su bufanda, se le enredó en la rueda y fue su fin. Horrible muerte para la gran bailarina estadounidense.
Allan Pinkerton
Fue el pionero en el negocio de las agencias de detectives pero no creas que murió a manos de un asesino mientras investigaba un caso, su muerte fue más simple y algo tonta, resbaló mientras caminaba. No murió del golpe, más bien fue la gangrena que lo invadió después de morder su lengua fuertemente tras haber caído.
Maximiliano de Austria
Muy sano, gustaba de comer mucha fruta, lamentablemente hasta lo bueno en exceso hace mal. En el caso del emperador germánico romano, se emocionó comiendo melón y murió por una fuerte indigestión.
Alejandro I de Grecia
Rabioso, así se le podría decir y no por enojón, sino por la rabia que le pasó un mono que tenía de mascota. La infección terminó robándole la vida a este rey.
Agatocles
Este “tirano de Siracusa” murió por quererse sacar la comida de entre los dientes, y es que se atragantó al utilizar un palillo y falleció.
Francis Bacon
La curiosidad mató al gato y también a este célebre filósofo, abogado y escritor. Intentó comprobar si el frío era bueno para conservar los alimentos. Salió a enterrar un pollo crudo pero en el proceso pesco una neumonía, el final pues ya lo saben.

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